Las batallas que nadie ve
Después de nuestras aventuras por Grazalema con El Tempranillo y de las peripecias para renovar Enigmas Nómadas —que por momentos parecían una serie de Netflix con veinte temporadas y con sus correspondientes sobresaltos—, aquí seguimos, dando guerra.
Y como ya hemos tenido bastante entretenimiento con ordenadores, programas y demás criaturas digitales, hoy volvemos a una de nuestras secciones favoritas: Superación personal.
Pero tranquilos, que no vamos a daros una charla de esas que aseguran que levantándose a las cinco de la mañana, sonriendo al espejo y pensando en positivo se arregla la vida. ¡Ojalá fuera tan sencillo!

Hoy queremos hablar de algo mucho más real: de esas personas que nos cruzamos cada día, que nos saludan, nos gastan una broma o nos regalan una sonrisa, sin que imaginemos lo que pueden estar viviendo por dentro. Porque todos tenemos nuestras preocupaciones, nuestros miedos y esos días en los que uno mandaría el mundo entero a paseo… si no fuera porque después habría que ir a recogerlo.
Hoy hablamos de batallas. De esas que se libran por dentro y que nadie ve.
Menos escaparate y más realidad
Vivimos en una época de mucho postureo, donde a veces parece obligatorio salir a la calle con la vida planchada y sin una sola arruga. Como si todos fuéramos protagonistas de un anuncio donde nunca llueve y las tostadas jamás caen por el lado de la mantequilla. Pero la vida real es otra historia y, detrás de una fotografía sonriente o un simple “todo bien”, pueden esconderse preocupaciones que nadie imagina.
No siempre es que queramos ocultarlas. A veces preferimos reservarnos nuestros problemas, otras no encontramos las palabras para explicarlos y, en ocasiones, simplemente necesitamos desconectar un rato y hablar de cualquier otra cosa. Que bastante tenemos con algunas preocupaciones como para llevarlas también colgadas del cuello, a modo de cartel publicitario.
El problema llega cuando confundimos lo que vemos con toda la realidad. Miramos a alguien que parece feliz y suponemos que su vida marcha sobre ruedas, olvidando que una sonrisa no siempre significa que todo vaya bien. A veces significa, sencillamente, que todavía encontramos motivos para sonreír. Y eso, aunque no salga en las estadísticas de ninguna red social, tiene su mérito.

Héroes de andar por casa
No hace falta buscar grandes historias de superación en las películas. A nuestro alrededor hay personas que afrontan dificultades importantes mientras intentan llevar una vida lo más normal posible, sin capa, sin efectos especiales y, por supuesto, sin banda sonora que anuncie sus hazañas.
Ahí está quien cuida de un familiar y, entre preocupaciones y noches de poco descanso, todavía encuentra fuerzas para gastar una broma. O quien atraviesa un momento de incertidumbre, pero sigue interesándose por cómo están los demás. También ese amigo que siempre anima el grupo de WhatsApp, incluso cuando él mismo agradecería que alguien le preguntara cómo se encuentra.
Son personas corrientes, como tú o como yo, intentando afrontar lo que les ha tocado vivir. Aunque tampoco hace falta convertir cada dificultad en una hazaña ni exigirle a nadie que sea un héroe. Hay días en los que bastante tenemos con llegar a la noche, y eso no nos hace menos valiosos.

Además, tenemos la mala costumbre de comparar nuestra vida real, con sus preocupaciones y sus días torcidos, con la versión cuidadosamente seleccionada que los demás muestran al mundo. Mientras nosotros andamos por casa en zapatillas y con los pelos de recién levantados, parece que todo el planeta anda coleccionando éxitos, viajes maravillosos y desayunos de hotel de cinco estrellas. ¡Qué maravilla de vidas! Aunque luego haya que fregar los platos como todo hijo de vecino.
Lo cierto es que rara vez conocemos la historia completa de nadie. Cada persona vive circunstancias diferentes y lo que para uno resulta sencillo puede ser una auténtica montaña para otro. Por eso no deberíamos medir nuestra vida con la regla de los demás.
No hace falta ser fuerte todos los días
Hay una idea sobre la superación personal que convendría mandar a paseo con educación: esa que asegura que podemos vencer cualquier dificultad si le echamos suficientes ganas. Suena estupendamente en una película, con música épica, viento en la cara y el protagonista llegando a la cima justo cuando sale el sol. El problema es que la vida real suele traer menos banda sonora y más complicaciones.
Hay situaciones que no desaparecen por mucho empeño que pongamos. Superarse no consiste siempre en vencerlo todo; a veces significa adaptarse a una nueva realidad, aceptar ayuda, recuperar una pequeña ilusión o permitirnos descansar sin sentir que estamos fallando. Que no somos máquinas, aunque haya días en los que se nos exija funcionar como una de ellas.
Podemos tener miedo y conservar la esperanza, estar cansados y seguir teniendo sueños. También podemos atravesar una etapa difícil y disfrutar de una buena conversación, una carcajada o una tarde agradable. Una cosa no anula la otra, por mucho que a veces nos empeñemos en pensar que para reír primero hay que tener la vida completamente arreglada.

Y si fuéramos más conscientes de lo poco que sabemos sobre quienes nos rodean, quizá nos ahorraríamos algunos enfados inútiles. Piensa en esa persona que tarda más de la cuenta en la cola del supermercado o en quien se queda distraído cuando el semáforo se pone en verde. No sabemos qué le ocurre y, antes de recurrir al bufido o al pitido, podríamos concederle unos segundos de paciencia. Tampoco hace falta sacar el claxon a pasear como si fuera un miembro más de la familia.
A veces una pregunta sincera, una conversación sin prisas o un simple «¿cómo estás?» esperando de verdad la respuesta pueden significar mucho. No necesitamos convertirnos en solucionadores profesionales de problemas ajenos; en ocasiones basta con escuchar, sin dar lecciones ni repetir automáticamente aquello de «tienes que ser fuerte».
La vida todavía guarda sorpresas
Hasta aquí hemos hablado de preocupaciones y dificultades, pero sería injusto terminar sin recordar la otra parte de la historia. Porque la vida también está llena de cosas extraordinarias que, por ser tan cotidianas, a veces pasan inadvertidas.
Un amanecer, el olor del café recién hecho, una conversación que termina en carcajadas, una canción que nos devuelve un recuerdo feliz o alguien que llama cuando menos lo esperamos. Son momentos que no solucionan nuestros problemas, pero nos recuerdan que una etapa difícil no tiene por qué ocupar todos los rincones de nuestra vida.
Quizá nuestros proyectos cambien y haya sueños que debamos adaptar o planes que tengamos que aplazar. Sin embargo, eso no significa que se hayan terminado las oportunidades de vivir experiencias hermosas. ¿Quién sabe qué conversación tendremos la próxima semana, a quién conoceremos o qué pequeño acontecimiento acabará convirtiéndose en uno de nuestros recuerdos favoritos?

Afortunadamente, la vida todavía guarda sorpresas. ¡Y no todas tienen que ser malas, que ya está bien de llevarnos sustos! También hay nuevas amistades, lugares que descubrir, planes improvisados y días en los que terminamos riéndonos de algo que por la mañana ni siquiera imaginábamos.
Conclusión
Al final, todos llevamos nuestras propias batallas, aunque no siempre se vean desde fuera. Unos días nos encontramos con fuerzas para comernos el mundo y otros bastante tenemos con que el mundo no nos coma a nosotros. Y no pasa nada por reconocerlo.
Quizá deberíamos juzgar menos, escuchar más y recordar que detrás de cada persona hay una historia que desconocemos. Pero también aprender a tratarnos con esa misma comprensión, porque no tenemos que poder con todo ni demostrar continuamente lo fuertes que somos.

Y con esto no pretendemos arreglar el mundo, que bastante complicado está ya el asunto. Solo recordar que, entre tantas prisas, preocupaciones y asuntos pendientes, también merece la pena detenernos un momento y disfrutar de lo bueno que tenemos delante. Que la vida no viene con manual de instrucciones y, por mucho que lo busquemos, tampoco parece que vayan a publicar uno.
No confundas una sonrisa con una vida sin problemas, ni el cansancio con la falta de fortaleza. Cada persona libra batallas que desconocemos y merece comprensión, no juicios.
Comentarios
Cargando comentarios…
Deja tu comentario
Los comentarios se publican tras su moderación. Tu correo no será publicado.